jueves, 2 de diciembre de 2021

Mi trabajo sobre los niños vacuníferos

 

LA EXPEDICIÓN DE BALMIS:



España fomentó durante el periodo de la ilustración borbónica la formación de expediciones científicas, entre las que se encuentra la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (REFV), un ejemplo de biopolítica aplicado por el Estado para proteger la salud. La expedición dio la vuelta al mundo utilizando niños como reservorio para transportar el fluido vacuno. Francisco Xavier Balmis estableció una cadena humana brazo a brazo que materializó el éxito de la misión. En este artículo se analizan las características y avatares por las que pasaron los niños que contribuyeron a la propagación de la vacuna antivariólica

La viruela atravesó los siglos XVII y XVIII tomando el relevo a la peste como azote de la humanidad. El estrago mortal, la ceguera o una desfiguración irreversible eran la huella temible que dejaba en su recorrido. El «Setecientos» trajo de tierras lejanas un remedio plausible para combatirla más allá de rezos, purgas, ayunos o sangrías. La inoculación de viruelas, esperanza controvertida que tuvo una práctica desigual en Occidente, proporcionó durante aquella centuria una saga de expertos inoculadores que enfrentaron la enfermedad con aquel remedio, tan intuitivo como inseguro.

Previamente a la REFV se hicieron pruebas para remitir materia vacunal a las Américas utilizando cristales lacrados envueltos en un paño negro; sin embargo, las largas distancias y las altas temperaturas hicieron estériles estas tentativas.

Tampoco resultó viable la idea propuesta por el médico de Cámara J. F. Flores (1751-1814) recogida en su proyecto de expedición el 28 de febrero de 1803 y dirigido a la Junta de Cirujanos de la Corte: «se despachen con la mayor diligencia del Puerto de Cádiz dos barcos, los más ligeros, para que (…) se embarquen en ellos algunas vacas con viruelas verdaderas, y algunos jóvenes que lleven inoculados sucesivamente en los brazos el pus. Que además de esto, entre dos cristales, encerados con extremo cuidado se pongan porción de pus escogido». Este guatemalteco experto en la lucha contra la viruela había sido años antes el introductor en la capital de Nueva Guatemala de la técnica de la inoculación como medida preventiva. El plan de Flores, que se encontraba en Madrid en 1803, resultó desestimado por su elevado coste.


La propuesta de Balmis basada en la utilización exclusiva de niños para realizar el transporte del fluido fue finalmente adoptada. Era un procedimiento recomendado por el propio Jenner. Desde ese momento los niños cobraron un valor sustancial que quedó expuesto en el Reglamento y Derrotero presentado por Balmis a la Junta de Cirujanos. Recibieron el nombre de niños vacuníferos aquellos escarificados por el cowpox de los que se podría obtener fluido vacuno transcurridos entre 8 y 10 días, periodo en el que el grano estaba maduro. A partir de un primer niño se inmunizaría a otro, estableciéndose una cadena de inoculaciones sucesivas que permitiría el transporte de la vacuna.

Balmis recomendaba la recolecta de niños de entre 5 y 8 años que no hubieran padecido la viruela, lo que suponía una cierta garantía frente a los adultos que sí podían haberla padecido. Por eso puso especial énfasis en condicionar la elección a que se «averigüe con escrupulosidad, que nos asegure, de que aún no han padecido las viruelas naturales, ni las inoculadas, y tampoco que no han sido vacunados: porque todos estos son inútiles». Para garantizar el procedimiento y evitar fracasos, inoculaba a dos niños sucesivamente con punciones múltiples, lo que permitía obtener varios granos vacunales en cada uno de ellos. El niño vacunífero estuvo presente en todas las rutas y etapas de la REFV.





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